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El ritual femenino para una sesión fotográfica boudoir

Ella, el vino, luz y sombra

Ella, el vino, luz y sombra

Pintar con luz, una de las definiciones que mejor explica el arte de la fotografía. Se conoce también como una técnica para hacer imágenes duraderas mediante el uso de su principal aliado, la luz. Que se puede obtener del astro rey o de forma artificial a través de un flash o cualquier otra fuente de iluminación. En ocasiones sorprende que para conseguir ese destello baste una mirada o la lejana luna en una noche sin estrellas. De la fotografía se desprenden un gran número de estilos, uno de ellos es la boudoir.

¿Qué es boudoir?

La palabra francesa boudoir, se traduce como “tocador” en la antigüedad, era una habitación donde las mujeres de la alta sociedad se embellecían para recibir a sus amantes o hacer cosas a solas. Se sabe que era un sitio privado, un ambiente propicio para las artes amatorias, decorado con elegancia. En virtud de que se le relaciona con la intimidad, ahora es un término para nombrar a la foto que se hace a mujeres en lencería y espacios como el mencionado. Con la idea de capturar un momento en el que la protagonista está dispuesta al amor o a la espiritualidad. Es a partir de la unión de estos elementos que surge la llamada fotografía boudoir. Que se describe a continuación, desde el procedimiento, incluyendo la perspectiva de ambos actores: fotógrafo y mujer. Cabe señalar que cada experiencia es única, sin embargo el ritual para ese instante tiene muchas similitudes.

Este estilo fotográfico entra en la categoría artística, ya que se deriva de otras disciplinas como la pintura y el dibujo. Incluso, algunos fotógrafos como Lorenia Johnson, se inspiran para el desarrollo de sus sesiones, con la obra de importantes pintores. Entre ellos: Goya, Velázquez, Ballesio, Botticelli y otros. Quienes a su vez dejan claro que su arte está basado en las fantasías que les generaban las diosas del amor, la belleza y la sexualidad, en espacios íntimos o en la naturaleza. Las mujeres plasmadas en sus cuadros irradian esa elegancia natural que se lee en novelas o en la historia épica. Situación que se imita a través del ritual femenino moderno y frívolo que la mujer adopta cada que quiere mostrar su gracia física.

Actitud de diosa

Analizado ya el boudoir como tal la palabra tocador ¡Quién no quisiera tener un sitio así! Es probable que muchas mujeres, aunque en los mini espacios que se vive ahora, sería algo extraño un sitio tan opulento. En virtud de que la idea es hacer fotografía boudoir de las mujeres que se ven día a día en el súper, la cafetería, el gimnasio, etc. y de cualquier estatus. El boudoir entendido como un espacio sensual. Se puede adaptar a la modernidad y sobre todo ¿Por qué ese sería derecho sólo de las burguesas? Ahora es cuestión de actitud y de lo que cada una quiera tener en su “santuario” para hacer lo que se le antoje, incluso invitar a algún caballero.

Quizá no se necesitaría de esos muebles “Luis XV” o como se llamen. Sería genial un espacio cómodo, ordenado, decorado al antojo de su habitante. Pensar en ese espacio deseado puede brindar la libertad que quizá se necesite para sentirse única y segura. Ya que sólo de imaginarse la energía que irradiaban las mujeres de aquella época dándole un tiempo a su intimidad en un espacio hermoso. Aunque la mujer estaba muy reprimida, hay que imaginar que no y que se envolvía de placer en ese lugar mágico.

¿Por qué mencionar este espacio?

Durante una sesión de fotos de esta naturaleza la sensualidad deberá estar a flor de piel. Hay que construirla o tenerla a flor de piel siempre. Y qué es esto de la sensualidad en la mujer, según algunos artículos, revistas y libros sobre el tema. Es la seguridad en sí misma, el manejo de un lenguaje corporal que comunique lo que ella quiera comunicar, mostrando lo que desee que perciban los demás. Bien una mujer tierna e inocente o una ardiente y seductora, es una mujer que conoce su poder. Por lo que su espacio está armonizado a sus deseos y se acompaña de quiénes le aportan bienestar a su vida. Con ello inicia el despertar de la diosa.

El ritual

Además de la actitud boudoir, que se puede construir día a día, es importante tomar en cuenta aspectos previos como la elección de los atuendos. Pueden incluir encajes, satén, zapatos de tacón, medias y algunos accesorios u objetos que representen la actividad que más disfrute y que se pueda incluir en el boudoir. O bien ¡nada! el desnudo resulta una de las mejores opciones para la foto, aunque ya entraría en una categoría diferente. Esto seguramente resultará muy divertido y una mujer que se divierte probablemente pueda sentirse tan sexy como generalmente no se percibe. Estará pensando en el resultado de sus fotos, buscará poses que le resulten bonitas, también ella se inspira ¡Es su momento!

Por otro lado, el día de la sesión es vital ponerse en manos de un profesional para arreglar el cabello y obtener un maquillaje impecable. El papel que juegan estos personajes es muy importante ya que mantenerla cómoda y relajada, es el fin. La persona que colabore con ella deberá estar en la misma dinámica de buscar entre la base para su tono de piel y los colores elegidos. Una conversación que le produzca sutiles sensaciones para que al final no tenga en sus manos sólo las fotografía, sino una experiencia completa.

¿Qué pasa por su mente antes del momento mágico?

Boudior

Fotografía boudoir

Estando lista justo antes de iniciar esta aventura fotográfica boudoir, con su atuendo seductor. Ella se mira en el espejo toca su cabello y su rostro delicadamente. Observa con detenimiento cada prenda que viste su cuerpo. Sus dedos se pierden en la suavidad del satén y la piel que percibe aterciopelada y perfumada. Jamás lo notó, no hizo antes ningún análisis de su figura, era simple según las creencias de las generaciones pasadas. El cuerpo, es sólo un vehículo que está bien al no sentir dolor, si lo hay acudir al médico y tomar lo recetado basta. Pero nunca puso atención en sus impresiones, en lo placentero de acariciarse y ahora se encuentra en un trance. Pareciera que la ha llevado a otro plano o fuera del universo. Para quién hace estas imágenes el momento es alimento a su creatividad.

Ese día, con ella lista para hacer perdurar su mejor momento, el presente. Decidida a descubrir su piel y aún más, eso que siempre quiso mostrar, su erotismo escondido en la cotidianeidad de su vida. Cuán cansada puede estar de no tener tiempo para sí misma. Qué lejos quedaron aquellos días en los que la ducha era un ritual para mantener la piel suave, el cabello humectado y el cuerpo más que perfumado, relajado con esencias.

¡Clic y comenzamos!

Se ha construido un ambiente boudoir, una diosa está preparada para ser inmortalizada a través de la fotografía ¡Hay que entrar en acción! El ojo experto del artista debe componer el espacio con la belleza femenina como principal punto de enfoque. Generalmente una sonrisa, una mirada pícara o distraída son el centro de atención del objetivo frente a quién la mira. Entran en escena la luz perfectamente dirigida que es indispensable de la mano de sus hermanas las sombras. Con ellas se pueden resaltar las texturas, los contornos de la curvilínea dama, queda a libre albedrío aliarse con el color o dejar al descubierto las emociones con los blancos y negros.

Técnica y emocionalmente se encuentran preparados, han revisado cada detalle del boudoir. Han sido bastantes las conversaciones sobre la sesión, tuvieron el tiempo necesario para conectar sus ideas, de manera que ahora sólo bastará comenzar con los clics y mantener la energía en el ambiente ¡Que instante para ambos! Tienen algunas horas para lucir las emociones que generalmente están ocultas y para capturarlas.

Es un fotógrafo que guía una experiencia

El artífice comienza a descifrar sus secretos a través de esa mirada. Influye en sus recuerdos, evoca sus memorias, y cuida que todo ello sea registrado en cada disparo de la cámara. Se mantiene atento, presente observando los delicados movimientos de sus dedos que al enredarse en sus cabellos se convierten en protagonistas como si contaran historias. Cuando los ojos se cierran, ahora puede ver la desinhibición que la atrapa al rememorar sus experiencias de alcoba. Que se muestran cuando sus manos acarician el borde de su escote o tocan el encaje de la liga en sus medias.

En tanto ocurren estas expresiones de sensualidad el creador de esta historia se convierte en un ser invisible. Teniendo como misión, atrapar cada suspiro, la mira a través de la lente y es testigo de una transformación inusual. Ella adopta poco a poco la postura de una diosa, la seguridad de una diva, la magia de la luna llena. Esa mujer se convierte en todas las que han sido reprimidas. Todas las que esconden su acierto para no opacar, o que no saben que al brillar iluminan a otras y el espacio que ocupan. Ella en ese instante las lleva a todas en su ser ¡Y las muestra!

Amor infinito

La protagonista respira profundo, recuerda que se encuentra frente a un desconocido. Con cierto nerviosismo, avanza como si flotara entre las suaves y claras texturas que acogerán su cuerpo durante este tiempo. El set está acondicionado para recibir a una diosa. Su mirada irradia luz suficiente para iluminar el espacio. Consciente de sus virtudes, de su poder. Aunque no ha dejado de pensar en los rincones de su figura, que siempre le ocupan. Y que la hacen lamentarse de complacer sus antojos culinarios. Sin embargo ¡ahora ya no importan!

Nuevamente el fotógrafo entra acción, es el momento para que se conecte con el instante. Influye para que ella abrace su cuerpo con confianza y amor infinito. Para que hacer la mejor imagen ante sus ojos críticos. Sin tratar de convertirla en otra o en una figura con los estándares de belleza establecidos, por y para quien sabe quién. Que no encajan con el grueso de la población. Ahora él es un mago, un hechicero que la lleva de amarse tal como es.

Magia de luna

El artista debe permitir que los ojos de la diosa miren el resultado en la cámara. Hablar con ella y escuchar lo que tiene que decir de su momento. Al contemplarse en una imagen, entenderá lo que la mirada a través de la lente, dice de ella. Se suelta y se convierte en el vendaval que se desea registrar y que ella quiere hacer perdurar en el tiempo. Cuando la serenidad se haga presente, él deberá “desaparecer” y dejarla fluir. Dirigir sus movimientos y la posición de su cuerpo. Quizá baste con que sea su espejo. “¿Qué harás más tarde? ¿Verás a tu hombre? ¿Qué crees que ocurra cuándo te vea así de sensual? ¿Cómo te sientes?” Con alguna de estas preguntas recreará fantasías que no saldrán de su boca, pero serán evidentes en su lenguaje corporal.

Los dos son diferentes ahora

Pareciera agotadora pero es inigualable esta experiencia para ambos. Ver la transformación de las féminas, tener la sensación de que absorbe su belleza a través de la lente. Lo provee de la energía para llegar a casa, querer revelar de inmediato, preparar la entrega y volverla a ver. Ya con sus fotografías en papel nota que esa transformación perdura, escucharla decir lo que ha significado para ella. Que maravilloso sería que todas las mujeres pudieran vivir un momento así. Hablar de que se sintió diva, quién fue su inspiración.

La timidez se hizo presente, pero perduró la confianza para poder continuar y llegar al resultado que ve ¡Es alimento para el alma! El fotógrafo guardará para sí esa transformación, ambos son un poco diferentes ahora. Ella no fue la única, él recibe una lección cada que tiene a una dama enfrente y ella le confía este instante especial. Es testigo del surgimiento de una diosa que cambia su mundo y su forma de ver al género femenino.

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